Episodio #8: cómo preparar extractos de plantas

A mí me encanta hablar de extractos. Primero porque gracias a ellos incursioné en el tema de la botánica y la fitocosmética. A pesar de que desgraciadamente no conozco demasiado, ya empiezo a hacer mis pinitos en los paseos por el monte y os tengo que decir que es un mundillo que me apasiona. Además, me parece muy gratificante poder hacer cosmética a partir de plantas que una misma ha recogido o ha plantado. Si no tenéis ni idea de botánica podéis secuestrar a vuestra abuela o a vuestro padre para ir a pasear y sonsacarles información. Son manantiales de conocimiento que deberíamos recuperar. Si no, haced uso de la tecnología. Hay una aplicación que se llama Google lens súper útil para principiantes porque te da ideas de la planta que tienes delante solo con hacerle una foto. Eso sí, intentad ser rigurosas y contrastad bien la información porque a veces se equivoca.

¿Qué es un extracto natural?

Pues no es más que la maceración de una planta en un disolvente vegetal en el que vamos a extraer sus principios activos y su aroma y podamos aprovecharnos de sus propiedades.

¿Qué tipos de disolventes podemos utilizar?

Aceite vegetal, agua, glicerina o alcohol, propilenglicol, vinagre… dependiendo del tipo de extracto que queramos realizar. Si queremos hacer un extracto oleoso, usaremos aceite, un extracto hidroalcohólico será con etanol, y con agua destilada; si queremos hacer un extracto hidroglicerinado, usaremos glicerina vegetal con agua.

¿Con qué plantas se pueden hacer extractos?

Con cualquier planta que tenga propiedades, en este caso, cosméticas. Cada planta es un mundo y tiene sus principios activos en una parte de ella. Por ejemplo, de la caléndula, cogeríamos las flores, pero de la borraja podríamos aprovechar casi toda la planta: flor, hojas y tallos. De otras plantas solo son aprovechables sus semillas, por ejemplo, el cardo mariano. De otras, aprovecharemos las hojas, como la salvia, la albahaca, el romero… Incluso hay extractos de raíces, como el de valeriana o el de jengibre. También pueden hacerse extractos de cáscaras, por ejemplo, el de piel de naranja. Algunas ideas son: caléndula, lavanda, manzanilla, tomillo, romero, diente de león, escabiosa, jazmín, malva, cola de caballo, ortiga, hibisco, rosas, azahar, hipérico, salvia, albahaca, árnica…

Oleatos

Comencemos por el oleato, el extracto oleoso, que es mi preferido. Aquí las posibilidades con casi infinitas porque podéis escoger el tipo de aceite que mejor os vaya. Por ejemplo, si queréis un serum para el contorno de ojos, escoged un aceite nutritivo y como el de ricino, el de almendras, o el de oliva. Si queréis un aceite de masaje, escoged uno más liviano, como el de avellanas, o seco como el de girasol o el de jojoba, que es más ceroso. Este último es ideal para el cutis si quiere usarse como limpiador o desmaquillante.

Una vez elegido el aceite podéis escoger la planta que queráis. Por ejemplo, imaginad que habéis recogido caléndulas, ahora que es la temporada y os apetece hacer un aceite de caléndulas para un bebé. En este caso, sería ideal el aceite de almendras, pero también podríais usar el de oliva.

Aquí se presenta otro dilema. Si las caléndulas deben ser frescas o no. Excepto en algunos casos como el hipérico, que sí que es mejor hacer el extracto con flores frescas, en la mayoría es recomendable secarlas primero para evitar que pierdan su agua dentro del propio aceite y salgan hongos y moho. Basta con dejarlas sobre un paño o papel de cocina bien separadas entre ellas hasta que se sequen.

Escogéis un tarro de cristal y lo esterilizáis bien. Luego, rellenáis el tarro con la planta. A más cantidad de planta, más propiedades tendrá nuestro aceite, pero no menos de la mitad del tarro. Cubrid con aceite y verificar que la planta esté bien cubierta, al menos dos dedos por encima, sin que queden partes flotando. Tapad bien y dejar macerar en un lugar seco y oscuro durante un mes. Intentad cada día o cada dos días remover para que la planta vaya soltando su principio activo en el aceite. Pasado este mes, colad bien con la ayuda de una gasa o colador y ya tendréis vuestro extracto oleoso preparado. Si queréis que vuestro oleato esté a tope de principio activo, podéis hacer una segunda maceración. En este caso, una vez colada la primera tanda de plantas las desecháis y añadiríais más plantas nuevas al primer macerado y repetiríais el proceso. Lo importante que es el aceite quede saturado de principios activos de la planta.

Ya veréis que hay muchas posibilidades con los oleatos. Los podéis usar para un montón de cosas, incluso, podéis mezclar aceites esenciales en ellos, puesto que son solubles en aceite y obtener un producto más completo.

Extractos glicéricos

En los extractos glicéricos se emplea la glicerina líquida para extraer los activos. Dependiendo del tipo de planta, quizás nos interese extraer sus activos solubles en agua (o glicerina) en lugar de los solubles en aceite, o liposolubles, que son los que hemos hecho con los oleatos. En el mercado encontraréis algunos muy populares como el de centella asiática, el de pepino o el castaño de indias.

Primero preparamentos una solución de glicerina vegetal al 30%; 30 gramos de glicerina por 70 gramos de agua destilada. Debido a su composición de agua, recomiendo añadir un conservante de origen natural, por ejemplo, cosgard, en las proporciones que indique el fabricante. A continuación, añadiremos las plantas en una proporción de 1:3, es decir una parte de plantas por 3 partes de líquido, y dejaremos macerar durante dos semanas y removiendo a diario. Pasado ese tiempo, colaremos y conservaremos.

Extractos hidroalcohólicos

También conocidos como tinturas. En este caso, el disolvente es el alcohol etílico usado en diferentes graduaciones. Normalmente, el más usado es alcohol de 40%. Quiere decir que habrá un 40% de alcohol de 96 grados y un 60% de agua. En este alcohol, deberemos sumergir las plantas en una proporción de 1:10. Es decir, una proporción de plantas por 10 de líquido. Pero también se puede usar en proporción de 1:1, la misma proporción de plantas que de disolvente. A estos productos se les conoce como extractos fluidos. Lo ideal es dejarlos en un tarro hermético durante unas dos semanas agitando cada día. Transcurrido ese tiempo, colaremos y conservaremos. En caso de querer una tintura de máxima calidad, se pueden usar plantas frescas. Si se trata de plantas aromáticas y ricas en aceites esenciales, podemos utilizar un alcohol de mayor graduación, al 70%, y una proporción de plantas de 1.3 o 1:5. Son muy usadas la tintura de benjuí o la de hamamelis.                          

Os animo a que dediquéis una tarde a preparar algunos macerados con plantas. No os olvidéis de etiquetar el tarro con la fecha, el disolvente que hayáis utilizado, la planta y la proporción de planta por disolvente.

¡Salud y potingues!

Esther


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